Sobre Román 2017-11-29T16:19:14+00:00

Hola, soy Román y quiero compartir contigo cómo he llegado aquí y ahora. Te doy la bienvenida.

Desde muy temprana edad me interesé por encontrar el sentido de todo lo que me rodeaba. A mis 16 años descubrí diversos autores, entre los que destacan Deepack Chopra, Wayne Dyer, Bruce Lipton, Gregg Braden y Eckhart Tollle. En ellos encontré una forma de comprendernos a nosotros mismos y a lo que nos rodea. Una forma diferente de entender la vida que conectaba conmigo… y me encantaba.

Me di cuenta de que el responsable, y a la vez solución de lo que me sucedía, era yo. Hasta ese entonces no me había percatado de lo obvio: Soy el dueño de mi vida. Eureka!

Un par de años más tarde descubrí el Mindfulness, la PNL y el Coaching que también estudié y comencé a poner en práctica.

A los 19 años llegué a la universidad y empecé mi carrera de Psicología. Tres años después descubrí las Biodescodificación de la mano de Enric Corbera, que más tarde evolucionó a la Bioneuroemoción ® ampliando su campo de actuación.

Y no puedo pasar por alto el prácticum de Psicología Clinica: Terapia Gestalt en el Instituto Terapia Gestalt Castellón. Un instituto formado por unas bellísimas personas que me acompañaron en el camino de observarme a mí mismo. Por este año de formación y tantas experiencias, solo puedo estar inmensamente agradecido. Una labor que hicieron de manera altruista. Especialmente agradecido a mi tutor José Julián, que me acogió con todo el cariño de su Ser.

Y siguiendo con mi camino, al siguiente año decidí formarme como acompañante en Bioneuroemoción ® y en Nueva Medicina Germánica, y así lo hice.

Aprendí que tras cada conflicto, hay un sentido, una emoción, un significado y al final una historia que nos da la oportunidad de trascender y desarrollarnos.

A día de hoy me dedico, no solo a acompañar a otras personas a solucionar sus conflictos, sino a vivir una vida plena, feliz y saludable.

Este es mi camino de vida, algo que vivo día a día y que amo en lo más profundo de mi ser.

Una pequeña historia

Desde pequeño me interesé por encontrar el sentido de todo lo que me rodeaba.

Recuerdo pasarme largas tardes de verano observado hormigas. Ver su forma de interactuar, de transportar semillas más grandes que ellas, de cazar otros insectos y, sobre todo, de coordinarse en perfectos caminos transitados por miles y miles de ellas en perfecta armonía, me atrapaba durante horas.

Aún a día de hoy, me atrapa el asombro de ver miles de abejas visitando día tras día, las flores de cerezos, ciruelos y romero que hay alrededor de casa. Es pura magia.

Y es que estas abejas son lo que son, abejas, y no tratan de ser nada diferente. Es más, ninguna ha ido a la escuela a aprender a ser abeja. Son perfectas en sí. Al igual que toda la naturaleza que nos rodea. Una naturaleza impecable.

Sin embargo, los seres humanos nos hemos desconectado de nuestra naturaleza, y sólo hay que ver los informativos para ver qué tal nos va. Contaminación, enfermedad, lucha, engaño, manipulación… En definitiva, SUFRIMIENTO.

Pero no hace falta abrir ningún noticiario para ver cómo le va a la especie humana. Sólo hay que mirarse en el espejo.

Muchas veces vemos una persona que no nos acaba de gustar. Pensamos que debería ser más fuerte, más comprometida, más decidida, más independiente, más capaz, más segura, más inteligente, más agradable, más alta, más baja, más atlética, más delgada, más agradable, más… más. Pensamos que debería ser algo que no es.

Al final, esa persona que vemos por las mañanas en el espejo, no nos gusta y la abandonamos. Nos abandonamos.

Pero deja que te diga que el abandono no es total.

Lo bonito de esta historia es que, cada noche, esa persona nos va a volver a mirar dándonos una nueva oportunidad de que la reconozcamos. Y es que en nosotros sigue estando, aunque un poco dormido, el potencial que hay en la naturaleza.

Deja que te diga con todo el cariño: ¡Da el paso!

Igual que la abeja que vuela por primera vez de la colmena en busca del néctar de las flores. Si se hubiera quedado en la colmena por miedo, inseguridad, por no saber que va a suceder… jamás hubiera visto el espectáculo de los cerezos en flor, el sabor del néctar de sus flores o la sensación de volar en un soleado día de primavera.

¡Descubramos a dónde llevan tus alas!