Román Santos | Psicólogo, Acompañante Bioneuroemoción en Vila-real2018-10-16T21:38:38+00:00
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SOBRE MÍ

  • Licenciado en Psicología

  • Acompañante en Bioneuroemoción®

  • Especialista en Hipnosis

  • Especialista en Mindfulness

  • Entrenador Personal

  • Instructor de Yoga

Desde pequeño me interesé por encontrar el sentido de todo lo que me rodeaba.

Recuerdo pasarme largas tardes de verano observado hormigas. Ver su forma de interactuar, de transportar semillas más grandes que ellas, de cazar otros insectos y, sobre todo, de coordinarse en perfectos caminos transitados por miles y miles de ellas en perfecta armonía, me atrapaba durante horas.

Aún a día de hoy, me atrapa el asombro de ver miles de abejas visitando día tras día, las flores de cerezos, ciruelos y romero que hay alrededor de casa. Es pura magia.

Y es que estas abejas son lo que son, abejas, y no tratan de ser nada diferente. Es más, ninguna ha ido a la escuela a aprender a ser abeja. Son perfectas en sí. Al igual que toda la naturaleza que nos rodea. Una naturaleza impecable.

Sin embargo, los seres humanos nos hemos desconectado de nuestra naturaleza, y sólo hay que ver los informativos para ver qué tal nos va. Contaminación, enfermedad, lucha, engaño, manipulación… En definitiva, SUFRIMIENTO.

Pero no hace falta abrir ningún noticiario para ver cómo le va a la especie humana. Sólo hay que mirarse en el espejo.

Muchas veces vemos una persona que no nos acaba de gustar. Pensamos que debería ser más fuerte, más comprometida, más decidida, más independiente, más capaz, más segura, más inteligente, más agradable, más alta, más baja, más atlética, más delgada, más agradable, más… más. Pensamos que debería ser algo que no es.

Al final, esa persona que vemos por las mañanas en el espejo, no nos gusta y la abandonamos. Nos abandonamos.

Pero deja que te diga que el abandono no es total.

Lo bonito de esta historia es que, cada noche, esa persona nos va a volver a mirar dándonos una nueva oportunidad de que la reconozcamos. Y es que en nosotros sigue estando, aunque un poco dormido, el potencial que hay en la naturaleza.

Deja que te diga con todo el cariño: ¡Da el paso!

Igual que la abeja que vuela por primera vez de la colmena en busca del néctar de las flores. Si se hubiera quedado en la colmena por miedo, inseguridad, por no saber que va a suceder… jamás hubiera visto el espectáculo de los cerezos en flor, el sabor del néctar de sus flores o la sensación de volar en un soleado día de primavera.

¡Descubramos a dónde llevan tus alas!